Noche imposible
- Adriana Rodríguez

- 26 nov 2023
- 1 Min. de lectura
Duermo. O no.
Saco a mi orquesta de la bandurria que viene tocando por dos siglos.
Es de noche y me arropo con la esperanza del mañana,
pero no logro sentirme a gusto.
Espero que las fibras se calienten, que la leña se desvanezca en un halo de tibieza
y me envuelva hasta quedar completamente dormida, pero nada.
Por fin las ovejas saltan con flojera,
sin decir sus nombres,
una nube cubre mis párpados y me dejo llevar,
este es el momento, me digo,
por fin podré resetear mi CPU, limpiar el disco duro de mi caótica vida,
llena de personas que necesitan algo de mí.
Cierro los ojos y veo tres puntitos verdes,
como cuando las computadoras hacían antes de apagarse, en tiempos de la prehistoria.
Me quedo en negro y no recuerdo más. ¿Qué hace uno cuando sueña? ¿A dónde va? ¿Volvemos a nuestros orígenes? ¿Qué pasa con nuestras historias del día?
Siento un alambre helado en la nuca
jugando a unas cosquillas bruscas
mi corazón da tropezones
me quiere asustar, me digo
los pensamientos abren sus alas y revolotean en mi mente como murciélagos buscando refugio
siento que ese cosquilleo no es una espina que apareció de improviso
sino es la uña insidiosa de un ente que me quiere absorber
de una masa que contiene mis miedos, angustias, temores y preocupaciones,
que se funde con mis inseguridades y defectos y se hace fuerte con mi cansancio,
entonces ahí veo que será una noche larga.
Mejor me siento a escribir.



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